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¿Dónde quedó nuestra capacidad de reflexión profunda?

La habilidad de concentrarnos, enfocados en una sola cosa, está desapareciendo ¿Es posible recuperarla?


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Cortesía www.pixibay.com 


Por La Redacción de Cobertura Especial

Domingo, 16 de marzo de 2025.


Ocho segundos… este es el tiempo de concentración de una persona en la actualidad, mostrando un decremento respecto a los 12 segundos que promediábamos en el año 2000; apenas superando el tiempo de enfoque que puede mantener un pez beta, según un estudio de The Attention Economy de la Universidad de California en 2021.

 

Esto no quiere decir que seamos menos inteligentes que un pez, pero sí nos muestra cómo mientras crecemos en conocimientos tecnológicos y científicos, menguamos en otras capacidades que nos permitían reflexionar en un tema a profundidad, resolver problemas complejos, leer y comprender rápidamente, o incluso, mantener una conversación sin perder el hilo conductor.


Nuestra forma de leer y enfocar la atención cambia con la cantidad de estímulos que recibimos,
explica Marianne Wolf, autora de Proust and the Squid (Proust y el calamar).


Wolf advierte que el uso excesivo de dispositivos digitales atrofia nuestra capacidad cognitiva, afectando no solo nuestra atención, sino también nuestra memoria.


Un ejemplo de cómo hemos acortado nuestro nivel de concentración destaca en la década de 1850, cuando se producían los icónicos debates entre Abraham Lincoln y Stephen A. Douglas. Cada orador dedicaba entre una y tres horas a su discurso, seguido de un tiempo similar para responder a su oponente.


La audiencia, cautivada por la profundidad de sus argumentos y la seriedad del tema, pasaba hasta siete horas escuchando este magnífico intercambio de ideas.


Este escenario contrasta con el vertiginoso ritmo de nuestros días, donde el entretenimiento fugaz predomina.


Por ejemplo, en la plataforma TikTok, los videos suelen durar entre 30 y 60 segundos, y las personas pasan horas inmersas en un torrente de contenido iridiscente, viendo publicaciones que ofrecen la sensación de recibir más en poco tiempo.


¿La Biblia lo anunció?


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“Todas las cosas son fatigosas; el hombre no puede expresarlas; no se sacia el ojo de ver ni se cansa el oído de oír”, se lee en Eclesiastés 1:8, describiendo el sentimiento de insatisfacción que vivimos en la actualidad a causa de un ciclo de consumo de contenido superficial que relega los asuntos más profundos a un segundo plano.


Incluso los cristianos hemos perdido la capacidad de sumergirnos en la lectura de la Biblia por largos periodos de tiempo o de mantener nuestra atención en una prédica, sin que nuestra mente divague.


En Marcos 12:30, Jesús nos dice: “Amarás al Señor tu Dios… con toda tu mente”. Nuestra mente es el campo de batalla en el que se producen un sinfín de pensamientos que nos acercan o nos desconectan de Dios.


¿Podemos recuperar el pensamiento profundo?


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Sí, es posible retomar esta habilidad humana por medio de algunas acciones inmediatas:


  • 1. Tiempo de reflexión y conexión con Dios. Al menos 10 minutos cada mañana te ayudarán a entrenar tu mente a permanecer en el presente y mejorar tu capacidad de concentración.
  • 2. Establece un entorno propicio para trabajar en algo importante. Pon música, sin letra, que te ayude a enfocar tus pensamientos en un solo tema.
  • 3. Desconéctate digitalmente. Deja en otra habitación tus dispositivos a fin de que las notificaciones o llamadas no interrumpan tu enfoque.
  • 4. Limita la Multitarea. No somos más hábiles por realizar muchas cosas al mismo tiempo; por lo general, cometemos más errores. Prioriza tus tareas y ejecútalas una a una. Te ayudará a disminuir el estrés.
  • 5. Revisa y reflexiona regularmente. Dedica tiempo al final del día a analizar tus logros y desafíos. Reflexionar sobre tus experiencias te ayuda a aprender y a mejorar continuamente.


Nuestras almas se alimentan y crecen al reflexionar sobre los temas divinos, pero no tendrás esa capacidad si no aprendes, con esfuerzo y constancia, a controlar tu mente disciplinándola a enfocarse en lo más valioso.


Recuerda que se trata de una batalla por recuperar el control de nuestra mente y potenciar nuestra conexión con Dios.


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